sábado, 14 de septiembre de 2013

CARTA A UN AMIGO CELEBRANDO EL 14 DE SEPTIEMBRE



CARTA A UN AMIGO QUERIDO EN OCASION
DE LAS CELEBRACIONES DEL 14 DE SEPTIEMBRE


Querido amigo del alma – escribo desde la ciudad de la neblina, tan parecida y a la vez tan distinta de nuestra joya del altiplano, esa sensual y locura de ciudad que es La Paz…

Dicen por ahí que La Paz aun es una ciudad más segura que Cochabamba o Santa Cruz, Caracas o Buenos Aires. Espero que las cosas estén mejor ahí donde te encuentras estos días... Quizás sea así por ser sede de gobierno y tener muchos policías protegiendo al Presidente y a sus Ministros. O quizás porque es la única ciudad con un Gobierno Municipal forjado en una cultura comprometida con el coraje y la cero tolerancia al miedo… o quizás son puras especulaciones mías y la criminalidad está tan fatal en La Paz como en el resto del país.

En cuanto a nuestra desdichada, desgraciada ciudad, rumores más, rumores menos, es terrible lo que me cuentas de los sucesos de los últimos días en nuestra ciudad natal, donde el asalto a mano armada en las calles y en los domicilios, las violaciones, las golpizas y los linchamientos suceden cada vez más y con cada vez mayor violencia y mayor frecuencia.
¿Qué paso, que paso…? Nos preguntamos. ¿Qué paso? Cuando nosotros éramos jóvenes – realmente hace muy poco – caminábamos a cualquier hora del día o de la noche por las calles de la ciudad sin miedo alguno al asalto, a la golpiza, al insulto o a ser atropellados en las calles. Veíamos en cualquier parte de la ciudad a obreros y profesionales transitando a pie o en bicicletas y a niños de toda edad jugando en las aceras, riendo, saltando, manejando bici.

Jamás veíamos muñecos de trapo colgados de postes, señalando a los ladrones comunes que serían sujetos a una “justicia comunitaria” instantánea que bien podría incluir golpizas brutales o ser quemados vivos. Yo no me acuerdo de niño jamás haber escuchado que a un ladrón común se lo convirtiera brutalmente en antorcha humana o que se lo molía a palos o que a un joven incriminado por violación se lo enterraba vivo con la mujer que supuestamente había violado. Hoy, tristemente, historias de terror, de maldad, de perversidad, de violencia y desesperación se han vuelto moneda común en nuestra triste tierra.  

Y ante la falta de justicia, la injusticia se lanza contra la injusticia como en tiempos bíblicos: Fuego contra fuego, un ojo por un ojo. Por un lado, cada vez son más los criminales que andan sueltos por la calle acechando a la sociedad civil; por otro lado, la “sociedad civil” es cada vez menos civilizada y se viene criminalizando no solamente con su silencio cómplice y su incapacidad de organización cívica y política, sino aún peor, como colectivo criminal y asesino cada vez que un conjunto de vecinos optan por golpear o linchar a un ladrón o a un criminal. Y cuantas veces pasa esto sin que la ”sociedad civil” involucrada piense siquiera en la proporcionalidad entre el crimen y el castigo y sin importar si el joven o la señora o el viejo que robaba lo hacía motivado por el dolor que le carcomía por no poder alimentar a sus hijos, por la adicción a la cocaína que ha tomado posesión de su cuerpo como la de otros decenas de miles de personas y de las calles de nuestro país, o por cualquier otra causa.

El hecho es de que hoy por hoy, el crimen, la violencia y la maldad fluyen en nuestras calles y tristemente, pretendemos ignorar porque. Y aún nos preguntamos, ¿Por qué los abogados, los políticos y uno que otro intelectual hablaban tanto de la importancia de tener muchísimo cuidado con la modificación de nuestra Constitución?

Hoy, en alguna parte del mundo, ¿cientos o miles? de mujeres, jóvenes, niñas e incluso niños bolivianos están siendo violados no una, sino varias veces al día porque hoy esas personas son prostitutas y esclavas sexuales. Y aún nos preguntamos, ¿Por qué  algunos hablaban tanto de la importancia de defender el Estado de Derecho?

Hoy, en alguna parte del mundo, respira, camina, ríe, ama y juega algún niño, alguna niña, alguna persona que vive gracias al hígado, al corazón, al riñón o a algún otro órgano “donado” sin consentimiento alguno por algún niño, niña, joven o adulto boliviano asesinado por personas tan viles y crueles que no han dudado en asesinar a un ser humano no para dar vida, esperanza y amor a otro, sino para cobrar una maldita comisión. Y nos preguntamos, ¿y qué más da eso de defender o no defender los Derechos Humanos, al final, a mí que me importa?

Hoy, en demasiadas ciudades del mundo, decenas, quizás cientos de miles de personas, se drogan con cocaína boliviana, alabando a los productores de ese maldito veneno en el momento de su éxtasis, sin asumir la realidad de que ese mismo veneno blanco que se está inyectando lo viene asesinando gota a gota. En su egoísmo y locura no quiere ver, no quiere asumir, que gota a gota, la cocaína boliviana no solamente está destruyendo su personalidad, su voluntad, su conciencia, su psiquis y su cuerpo, sino está además destruyendo sus lazos familiares y de amistad, arrasando como un fuego blanco con familias, comunidades y vecindarios enteros.

Y nos preguntamos porque, sabiendo en el fondo de nuestro corazón que la respuesta siempre la tuvimos, ahí, en la punta de la lengua, ahí en el paladar, en la garganta, en los sesos, en el vientre…
Sabíamos que el camino fácil siempre termina siendo el más difícil. Sabíamos que el dinero rápido y fácil es al final siempre el más caro. Sabíamos que uno cosecha lo que siembra – como persona y como sociedad. Los pastores de la iglesia siempre nos enseñaron ésta verdad, pero era demasiado trivial, demasiado molestoso para prestar atención.
Más fácil hacer chanchullo en clases, llegar siempre tarde, ser indisciplinado, irrespetuoso, irreverente, insolente, intolerante. Más fácil dejar plantado al amigo, hablar por hablar, prometer y no cumplir, soñar pero no trabajar.

Más fácil el engaño, la deshonestidad, la “mentirilla”, la “billadita”, la “prendida” por un momento de placer. Más fácil engañar a la pareja – total, todo el mundo lo hace.

Mas fácil una noche – o muchas -- en  el motel. Más fácil el placer sexual, y porque no, sin protección, aunque todos ya sabemos que las enfermedades sexuales se transmiten muy fácilmente y todos sabemos que el acto del amor es sagrado y nos transforma profundamente, para bien y para mal y todos sabemos que el embarazo no deseado muy bien puede terminar con un ser humano tirado en un basurero antes de nacer o a las pocas horas o días de nacido, como tantas niñas y niños bolivianos encontrados en contenedores de basura o en lechos de ríos, algunos de ellos ya devorados parcialmente por perros callejeros.

¿Y nos preguntamos, que tanta culpa tienen realmente todos esos políticos y partidos políticos que tanto maldecimos si nosotros mismos – nuestros parientes, nuestros amigos, nuestros padres e hijos, nuestros amigos y vecinos -- no podemos limpiarnos las propias narices, no podemos mantener limpio la acera de nuestra calle o nuestro propio parque, no podemos quedarnos con el pantalón bien puesto cuando corresponde, no podemos dejar la tentación de comer tanta comida chatarra o tanta comida grasosa o beber alcohol o tomar drogas sabiendo que todas estas cosas nos destruye el cuerpo?

¿Sientes que todo está bien en nuestro país de maravillas cuando venimos participando, por lo menos con nuestro silencio cómplice, en el más brutal ecocidio y la última funesta ola de genocidio cultural en la historia de nuestra tierra? Y que encima tenemos amenazados de muerte y rodeados a las pocas personas, la mayoría de ellos muy humildes, que han tenido el coraje de poner su vida en juego por defender su bosque, sus ríos, sus animales y sus tierras ante el avasallamiento de una maquinaria política y mafiosa violenta, depredadora y totalmente anti-vida?

¿Sientes que es injusto que tus hijos ya no puedan caminar por la calle con su última ropa de moda o auto de lujo porque cualquier rato los asaltan -- cuando tú nada hiciste, de verdad nada hiciste más que marchar alguna vez o protestar entre amigos en alguna borrachera -- ante años de  insultos, pateaduras, agresiones, abusos, persecuciones, asesinatos y otras maldades contra nuestros conciudadanos, tanto gente adinerado y de bien como gente vulnerable y pobre, incluyendo gente minusválida sujeta a brutales golpizas policiacas y gente indígena correteada y golpeada como ganado?

¿Sientes que tu silencio cómplice está aportando a la construcción de un país más justo, prospero, decente e integro? ¿Sientes que puedes permanecer callado ante las coimas que corren como sangre en todas las oficinas públicas del país? ¿Sientes que puedes hacer empresa de verdad en un país donde la injusticia se ha vuelto la norma y donde la cultura del silencio, de la complicidad y del miedo se ha impuesto?
Y bueno, ¿Qué te puedo decir, querido amigo de mi alma, querido camarada, cumpa, hermanitoy, llajtamasi? Te extraño y te quiero entrañablemente. Eres un buen hombre y tu esposa, una dulce y buena mujer.

¿Pero me pregunto – podemos considerarnos realmente buenos si nos hemos dejado vencer una y otra vez, tantas veces, por la mediocridad moral y el silencio cómplice?

¿Acaso la bondad es solamente no hacer daño? ¿Acaso no es el ser bueno también tener coraje -- tener pelotas como decimos en Bolivia o cojones en España -- para hacer lo correcto, en el momento correcto  y de la forma correcta?

¿Acaso realmente nos hemos creído esos cuentos de que los problemas de los demás no son mis problemas, de que la carga se arregla no mas en el camino, de que los políticos tienen la culpa de todo y de que al  final, todo es relativo y que no existen el “bien” y el “mal” y que la ética no tiene nada que ver con el desarrollo, la prosperidad, la felicidad o el bienestar humano?

¿Te sientes orgullosa ahora, querido amigo mío, de ser boliviano? ¿Y tu esposa, ella se siente orgullosa de ser boliviana? ¿Crees que tus hijos y tus padres sienten amor y orgullo por su país?
Y en este triste día de celebraciones insulsas en una llajta cada vez más violenta, pobre de espíritu, recubierta cada vez por más cemento, asfalto, basura y carteles publicitarios, con índices cada vez más altos de suicidio, aborto, asalto, criminalidad y corrupción – ¿crees tú que realmente merecemos condecorar a nuestras autoridades con grandes medallas y palabras grandotas y discursos impregnados en hipocresías y mentiras mas espesas que una asquerosa chankaka contaminada?

Yo no. Yo pienso que vamos muy mal en Bolivia y que es hora de iniciar un proceso de cambio, pero de verdad, no de puros espejos, engaños y mentiras.

Es hora de reconocer que la única revolución verdadera es la revolución del espíritu y que el único cambio que realmente importa y que legítimamente se puede imponer es el cambio sobre uno mismo.  Por ahí, y no por otro lado, debemos comenzar a reconstruir nuestra maltrecha tierra y nuestras maltrechas, tristes, empobrecidas vidas. Quizás algunos hoy tengan mucho dinero, pero nuestros almas y nuestras ciudades están podridas.

¿Será necesario llegar a los extremos a los que llegaron Alemania, Ruanda, Camboya, Vietnam, Yugoslavia, Siria, Estados Unidos y tantas otras naciones, para terminar de aprender la lección?

Por tu bien, por el bien de tu familia y de la mía y por el bien de todos nuestros seres amados y de cada uno de nuestros coterráneos – incluyendo a los maleantes que no hacen más que encarnar lo peor de nuestras propias debilidades -- espero que no.


Me despido, como siempre, con mucho amor, deseándote a ti y a los tuyos paz, amor y felicidad ahora y siempre. Hay otro camino. Bolivia, como toda América, si puede optar por otro sendero, por otro camino.

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