Felicito al Senador Sanz la ecuanimidad, tranquilidad y paz con la
cual se ha comportado por tantos años. Veo en él la semilla de una
conducta digna, serena, tranquila -- y ahora, ¡por fin!, una acción
decidida, valiente, clara, digna y enraizada en el amor y la Fe.
Semilla
de un liderazgo sano, solido, silencioso, imparable -- radicalmente,
serenamente, distinta al radicalismo soberbio, agresivo, arrogante,
violenta, maleada, corrupta, insincera, hipócrita o comprometida de
ciertas autoridades locales y nacionales del oficialismo y de oposición
quienes caerán, tarde o temprano, como víctimas de toda la maldad que
han sembrado.
Es una buena señal, una que genera esperanza y
luz. Felicidades y fuerza Senador, no se eche Usted ya más para atrás.
Ya cruzo la línea -- ahora sin miedo y sin claudicar, hasta reconquistar
el AMOR como fuerza vital del desarrollo de Cochabamba, corazón de
Bolivia, y aporte de nuestra región al desarrollo sostenible, con
armonía y en paz, de BOLIVIA, AMÉRICA y el MUNDO.
Con respeto a este comentario y video y al incidente que ocurrió recién en Cbba:
-----
El
bloqueo de calles es un acto de fuerza ilegitima e ilegal en la
mayoría de los países democráticos y civilizados pues es un acto de
fuerza que busca imponer, a la fuerza, la opinión de un grupo de
ciudadanos en contra de los derechos de otros ciudadanos. Por lo tanto
ES UNA MEDIDA EQUIVOCADA, NO EFECTIVA Y MORALMENTE ILEGÍTIMA DE DEFENSA
DE LA DEMOCRACIA.
La defensa de la democracia DEBE
BASARSE EN LA NO VIOLENCIA. La integridad moral de la democracia reside
en la acción NO VIOLENTA. Si la defensa de la democracia se apoya en
cualquier acto de violencia, por mínima que sea, pierde su legitimidad.
Entiendo
la frustración, la rabia, el dolor del ciudadano y del líder que asume
hace años la lucha por la democracia y los derechos fundamentales en
Bolivia. Felicito a Norma Alicia Pierola Valdez, Henry Rojas E, Rodrigo
Valdivia Gómez y demás conciudadanos y compatriotas que asumen esta
lucha, pero a la vez les recuerdo, aunque no les guste, que la violencia
solo engendra violencia. El mínimo acto de violencia verbal,
emocional, psicológica o física -- desde una simple palabra, un
insulto, un empujón, un sopapo o lo que fuera -- es semilla de
violencia.
La diferencia entre el Dr. Martin Luther King,
Mahatma Gandhi, Vaclav Havel y Aung Saan Suu Kyi y otros grandes
defensores de la democracia y de la lucha no-violenta por un lado, y de
las personas contra quienes luchaban, por otra, reside precisamente en
este simple PRINCIPIO y PRACTICA: La NO VIOLENCIA, cero violencia, el
abstenerse de cualquier tipo de violencia.
No creo haber
visto un solo instante en la magna biografía de Mahatma Gandhi en la
cual él, sujeto a grandes abusos y viendo muerte y heridos por todos
lados, haya reaccionado con violencia. Fue justamente su capacidad de
enfrentar con total fortaleza, paciencia, ecuanimidad y no violencia la
actitud violenta de otros lo que le dio la fuerza moral para liderar
un movimiento que sin un solo disparo desarmo y forzó el retiro del
Imperio Británico de la India.
Si quieren lograr un
cambio verdadero en Bolivia, deben enfrentar a la violencia del
autoritarismo y del totalitarismo con ese mismo espíritu. De lo
contrario, será en vano su lucha -- terminaran como victimas directos o
indirectos de la represión y la violencia o peor, podrían aportar
directa o indirectamente a que otras personas sean agredidas, heridas o
encarceladas.
La NO VIOLENCIA, la TOLERANCIA, la PAZ, la
EMPATÍA, el RESPETO y demás valores fundamentales del espíritu
democrático residen en lo más intimo del corazón y de la mente de cada
ser humano. Nadie puede violar o alterar esos valores si uno mismo las
cultiva y no permite a los demás violar esa integridad. Una actitud
torpe, beligerante, intolerante, violenta, de abuso u otra forma de
falta de empatía y de respeto hacia los demás --- hacia otros
conciudadanos, hacia la Policía o hacia cualquier autoridad, ser humano
o ser vivo -- es semilla de violencia. Por esto, los grandes
exponentes y ejemplos de la actitud y del espíritu democrático, de la
justicia, del derecho y de la lucha no violenta siempre entendieron que
la lucha contra toda injusticia o dictadura solamente tiene un solo
campo de batalla: en el propio ser, en el corazón y en la mente de uno
mismo. No es ni en la calle, ni en el parlamento ni en la prisión que
se libra la batalla principal, sino entre el miedo y la fe, entre la
desesperación, la frustración, la impaciencia y la intolerancia que
tiran por un lado y la empatía, la fuerza, la fe, el amor, el perdón y
el respeto hacia uno mismo y hacia los demás que tiran por otro cuando
uno se encuentra en una situación como la que se ve en este video (y
tantas otras que han ocurrido en Bolivia en años recientes).
Con
manifestaciones como estas, lamentablemente queda una cierta
ambigüedad moral y de poder -- sino un directo rechazo a sus acciones,
en especial de parte de quienes no están alineados con Ustedes o dudan
de sus intenciones o no entienden su lucha.
En cambio
una lucha no violenta integra, inteligente, real hace todo lo posible
para evitar el uso de la violencia como instrumento. Espero entiendan
el espíritu y la intención de mi mensaje y que esta sirva para aportar a
la recuperación y fortalecimiento de la democracia en Bolivia.
...
Con
luz, paz y amor para todas y todos -- agredidos y agresores, de un
lado de la calle y de las barreras, uniformes y trajes y del otro, de
un lado del espectro político y del otro. Se equivocan las autoridades
del Gobierno que piensan que están liderando un "verdadero proceso de
cambio" o una "revolución en democracia" a través del uso de la
violencia, como también se equivocan quienes pretender conquistar
respeto, libertad, tolerancia y justicia a través de la violencia.
Debe
parar la violencia ahora, antes de que algún acto de barbarie genere
una espiral imparable, llevando a Bolivia por la vorágine de la
insensatez y la locura de la violencia que ha tragado a tantas
sociedades a través de los siglos.
BOLIVIA 2050
martes, 8 de octubre de 2013
sábado, 14 de septiembre de 2013
CARTA A UN AMIGO CELEBRANDO EL 14 DE SEPTIEMBRE
CARTA A UN AMIGO QUERIDO EN OCASION
DE LAS CELEBRACIONES DEL 14 DE SEPTIEMBRE
DE LAS CELEBRACIONES DEL 14 DE SEPTIEMBRE
Querido amigo del alma – escribo desde la ciudad de la neblina, tan parecida y a la vez tan distinta de nuestra joya del altiplano, esa sensual y locura de ciudad que es La Paz…
Dicen por ahí que La Paz aun es una ciudad más segura que Cochabamba o Santa Cruz, Caracas o Buenos Aires. Espero que las cosas estén mejor ahí donde te encuentras estos días... Quizás sea así por ser sede de gobierno y tener muchos policías protegiendo al Presidente y a sus Ministros. O quizás porque es la única ciudad con un Gobierno Municipal forjado en una cultura comprometida con el coraje y la cero tolerancia al miedo… o quizás son puras especulaciones mías y la criminalidad está tan fatal en La Paz como en el resto del país.
En cuanto a nuestra desdichada, desgraciada ciudad, rumores más, rumores menos, es terrible lo que me cuentas de los sucesos de los últimos días en nuestra ciudad natal, donde el asalto a mano armada en las calles y en los domicilios, las violaciones, las golpizas y los linchamientos suceden cada vez más y con cada vez mayor violencia y mayor frecuencia.
¿Qué paso,
que paso…? Nos preguntamos. ¿Qué paso? Cuando nosotros éramos jóvenes –
realmente hace muy poco – caminábamos a cualquier hora del día o de la noche
por las calles de la ciudad sin miedo alguno al asalto, a la golpiza, al
insulto o a ser atropellados en las calles. Veíamos en cualquier parte de la
ciudad a obreros y profesionales transitando a pie o en bicicletas y a niños de
toda edad jugando en las aceras, riendo, saltando, manejando bici.
Jamás veíamos muñecos de trapo colgados de postes, señalando a los ladrones comunes que serían sujetos a una “justicia comunitaria” instantánea que bien podría incluir golpizas brutales o ser quemados vivos. Yo no me acuerdo de niño jamás haber escuchado que a un ladrón común se lo convirtiera brutalmente en antorcha humana o que se lo molía a palos o que a un joven incriminado por violación se lo enterraba vivo con la mujer que supuestamente había violado. Hoy, tristemente, historias de terror, de maldad, de perversidad, de violencia y desesperación se han vuelto moneda común en nuestra triste tierra.
Y ante la falta de justicia, la injusticia se lanza contra la injusticia como en tiempos bíblicos: Fuego contra fuego, un ojo por un ojo. Por un lado, cada vez son más los criminales que andan sueltos por la calle acechando a la sociedad civil; por otro lado, la “sociedad civil” es cada vez menos civilizada y se viene criminalizando no solamente con su silencio cómplice y su incapacidad de organización cívica y política, sino aún peor, como colectivo criminal y asesino cada vez que un conjunto de vecinos optan por golpear o linchar a un ladrón o a un criminal. Y cuantas veces pasa esto sin que la ”sociedad civil” involucrada piense siquiera en la proporcionalidad entre el crimen y el castigo y sin importar si el joven o la señora o el viejo que robaba lo hacía motivado por el dolor que le carcomía por no poder alimentar a sus hijos, por la adicción a la cocaína que ha tomado posesión de su cuerpo como la de otros decenas de miles de personas y de las calles de nuestro país, o por cualquier otra causa.
El hecho es de que hoy por hoy, el crimen, la violencia y la maldad fluyen en nuestras calles y tristemente, pretendemos ignorar porque. Y aún nos preguntamos, ¿Por qué los abogados, los políticos y uno que otro intelectual hablaban tanto de la importancia de tener muchísimo cuidado con la modificación de nuestra Constitución?
Hoy, en alguna parte del mundo, ¿cientos o miles? de mujeres, jóvenes, niñas e incluso niños bolivianos están siendo violados no una, sino varias veces al día porque hoy esas personas son prostitutas y esclavas sexuales. Y aún nos preguntamos, ¿Por qué algunos hablaban tanto de la importancia de defender el Estado de Derecho?
Hoy, en alguna parte del mundo, respira, camina, ríe, ama y juega algún niño, alguna niña, alguna persona que vive gracias al hígado, al corazón, al riñón o a algún otro órgano “donado” sin consentimiento alguno por algún niño, niña, joven o adulto boliviano asesinado por personas tan viles y crueles que no han dudado en asesinar a un ser humano no para dar vida, esperanza y amor a otro, sino para cobrar una maldita comisión. Y nos preguntamos, ¿y qué más da eso de defender o no defender los Derechos Humanos, al final, a mí que me importa?
Hoy, en demasiadas ciudades del mundo, decenas, quizás cientos de miles de personas, se drogan con cocaína boliviana, alabando a los productores de ese maldito veneno en el momento de su éxtasis, sin asumir la realidad de que ese mismo veneno blanco que se está inyectando lo viene asesinando gota a gota. En su egoísmo y locura no quiere ver, no quiere asumir, que gota a gota, la cocaína boliviana no solamente está destruyendo su personalidad, su voluntad, su conciencia, su psiquis y su cuerpo, sino está además destruyendo sus lazos familiares y de amistad, arrasando como un fuego blanco con familias, comunidades y vecindarios enteros.
Jamás veíamos muñecos de trapo colgados de postes, señalando a los ladrones comunes que serían sujetos a una “justicia comunitaria” instantánea que bien podría incluir golpizas brutales o ser quemados vivos. Yo no me acuerdo de niño jamás haber escuchado que a un ladrón común se lo convirtiera brutalmente en antorcha humana o que se lo molía a palos o que a un joven incriminado por violación se lo enterraba vivo con la mujer que supuestamente había violado. Hoy, tristemente, historias de terror, de maldad, de perversidad, de violencia y desesperación se han vuelto moneda común en nuestra triste tierra.
Y ante la falta de justicia, la injusticia se lanza contra la injusticia como en tiempos bíblicos: Fuego contra fuego, un ojo por un ojo. Por un lado, cada vez son más los criminales que andan sueltos por la calle acechando a la sociedad civil; por otro lado, la “sociedad civil” es cada vez menos civilizada y se viene criminalizando no solamente con su silencio cómplice y su incapacidad de organización cívica y política, sino aún peor, como colectivo criminal y asesino cada vez que un conjunto de vecinos optan por golpear o linchar a un ladrón o a un criminal. Y cuantas veces pasa esto sin que la ”sociedad civil” involucrada piense siquiera en la proporcionalidad entre el crimen y el castigo y sin importar si el joven o la señora o el viejo que robaba lo hacía motivado por el dolor que le carcomía por no poder alimentar a sus hijos, por la adicción a la cocaína que ha tomado posesión de su cuerpo como la de otros decenas de miles de personas y de las calles de nuestro país, o por cualquier otra causa.
El hecho es de que hoy por hoy, el crimen, la violencia y la maldad fluyen en nuestras calles y tristemente, pretendemos ignorar porque. Y aún nos preguntamos, ¿Por qué los abogados, los políticos y uno que otro intelectual hablaban tanto de la importancia de tener muchísimo cuidado con la modificación de nuestra Constitución?
Hoy, en alguna parte del mundo, ¿cientos o miles? de mujeres, jóvenes, niñas e incluso niños bolivianos están siendo violados no una, sino varias veces al día porque hoy esas personas son prostitutas y esclavas sexuales. Y aún nos preguntamos, ¿Por qué algunos hablaban tanto de la importancia de defender el Estado de Derecho?
Hoy, en alguna parte del mundo, respira, camina, ríe, ama y juega algún niño, alguna niña, alguna persona que vive gracias al hígado, al corazón, al riñón o a algún otro órgano “donado” sin consentimiento alguno por algún niño, niña, joven o adulto boliviano asesinado por personas tan viles y crueles que no han dudado en asesinar a un ser humano no para dar vida, esperanza y amor a otro, sino para cobrar una maldita comisión. Y nos preguntamos, ¿y qué más da eso de defender o no defender los Derechos Humanos, al final, a mí que me importa?
Hoy, en demasiadas ciudades del mundo, decenas, quizás cientos de miles de personas, se drogan con cocaína boliviana, alabando a los productores de ese maldito veneno en el momento de su éxtasis, sin asumir la realidad de que ese mismo veneno blanco que se está inyectando lo viene asesinando gota a gota. En su egoísmo y locura no quiere ver, no quiere asumir, que gota a gota, la cocaína boliviana no solamente está destruyendo su personalidad, su voluntad, su conciencia, su psiquis y su cuerpo, sino está además destruyendo sus lazos familiares y de amistad, arrasando como un fuego blanco con familias, comunidades y vecindarios enteros.
Y nos preguntamos porque, sabiendo en
el fondo de nuestro corazón que la respuesta siempre la tuvimos, ahí, en la
punta de la lengua, ahí en el paladar, en la garganta, en los sesos, en el
vientre…
Sabíamos que
el camino fácil siempre termina siendo el más difícil. Sabíamos que el dinero
rápido y fácil es al final siempre el más caro. Sabíamos que uno cosecha lo que
siembra – como persona y como sociedad. Los pastores de la iglesia siempre nos
enseñaron ésta verdad, pero era demasiado trivial, demasiado molestoso para
prestar atención.
Más fácil hacer
chanchullo en clases, llegar siempre tarde, ser indisciplinado, irrespetuoso,
irreverente, insolente, intolerante. Más fácil dejar plantado al amigo, hablar
por hablar, prometer y no cumplir, soñar pero no trabajar.
Más fácil el engaño, la deshonestidad, la “mentirilla”, la “billadita”, la “prendida” por un momento de placer. Más fácil engañar a la pareja – total, todo el mundo lo hace.
Mas fácil una noche – o muchas -- en el motel. Más fácil el placer sexual, y porque no, sin protección, aunque todos ya sabemos que las enfermedades sexuales se transmiten muy fácilmente y todos sabemos que el acto del amor es sagrado y nos transforma profundamente, para bien y para mal y todos sabemos que el embarazo no deseado muy bien puede terminar con un ser humano tirado en un basurero antes de nacer o a las pocas horas o días de nacido, como tantas niñas y niños bolivianos encontrados en contenedores de basura o en lechos de ríos, algunos de ellos ya devorados parcialmente por perros callejeros.
¿Y nos preguntamos, que tanta culpa tienen realmente todos esos políticos y partidos políticos que tanto maldecimos si nosotros mismos – nuestros parientes, nuestros amigos, nuestros padres e hijos, nuestros amigos y vecinos -- no podemos limpiarnos las propias narices, no podemos mantener limpio la acera de nuestra calle o nuestro propio parque, no podemos quedarnos con el pantalón bien puesto cuando corresponde, no podemos dejar la tentación de comer tanta comida chatarra o tanta comida grasosa o beber alcohol o tomar drogas sabiendo que todas estas cosas nos destruye el cuerpo?
¿Sientes que todo está bien en nuestro país de maravillas cuando venimos participando, por lo menos con nuestro silencio cómplice, en el más brutal ecocidio y la última funesta ola de genocidio cultural en la historia de nuestra tierra? Y que encima tenemos amenazados de muerte y rodeados a las pocas personas, la mayoría de ellos muy humildes, que han tenido el coraje de poner su vida en juego por defender su bosque, sus ríos, sus animales y sus tierras ante el avasallamiento de una maquinaria política y mafiosa violenta, depredadora y totalmente anti-vida?
¿Sientes que es injusto que tus hijos ya no puedan caminar por la calle con su última ropa de moda o auto de lujo porque cualquier rato los asaltan -- cuando tú nada hiciste, de verdad nada hiciste más que marchar alguna vez o protestar entre amigos en alguna borrachera -- ante años de insultos, pateaduras, agresiones, abusos, persecuciones, asesinatos y otras maldades contra nuestros conciudadanos, tanto gente adinerado y de bien como gente vulnerable y pobre, incluyendo gente minusválida sujeta a brutales golpizas policiacas y gente indígena correteada y golpeada como ganado?
¿Sientes que tu silencio cómplice está aportando a la construcción de un país más justo, prospero, decente e integro? ¿Sientes que puedes permanecer callado ante las coimas que corren como sangre en todas las oficinas públicas del país? ¿Sientes que puedes hacer empresa de verdad en un país donde la injusticia se ha vuelto la norma y donde la cultura del silencio, de la complicidad y del miedo se ha impuesto?
Más fácil el engaño, la deshonestidad, la “mentirilla”, la “billadita”, la “prendida” por un momento de placer. Más fácil engañar a la pareja – total, todo el mundo lo hace.
Mas fácil una noche – o muchas -- en el motel. Más fácil el placer sexual, y porque no, sin protección, aunque todos ya sabemos que las enfermedades sexuales se transmiten muy fácilmente y todos sabemos que el acto del amor es sagrado y nos transforma profundamente, para bien y para mal y todos sabemos que el embarazo no deseado muy bien puede terminar con un ser humano tirado en un basurero antes de nacer o a las pocas horas o días de nacido, como tantas niñas y niños bolivianos encontrados en contenedores de basura o en lechos de ríos, algunos de ellos ya devorados parcialmente por perros callejeros.
¿Y nos preguntamos, que tanta culpa tienen realmente todos esos políticos y partidos políticos que tanto maldecimos si nosotros mismos – nuestros parientes, nuestros amigos, nuestros padres e hijos, nuestros amigos y vecinos -- no podemos limpiarnos las propias narices, no podemos mantener limpio la acera de nuestra calle o nuestro propio parque, no podemos quedarnos con el pantalón bien puesto cuando corresponde, no podemos dejar la tentación de comer tanta comida chatarra o tanta comida grasosa o beber alcohol o tomar drogas sabiendo que todas estas cosas nos destruye el cuerpo?
¿Sientes que todo está bien en nuestro país de maravillas cuando venimos participando, por lo menos con nuestro silencio cómplice, en el más brutal ecocidio y la última funesta ola de genocidio cultural en la historia de nuestra tierra? Y que encima tenemos amenazados de muerte y rodeados a las pocas personas, la mayoría de ellos muy humildes, que han tenido el coraje de poner su vida en juego por defender su bosque, sus ríos, sus animales y sus tierras ante el avasallamiento de una maquinaria política y mafiosa violenta, depredadora y totalmente anti-vida?
¿Sientes que es injusto que tus hijos ya no puedan caminar por la calle con su última ropa de moda o auto de lujo porque cualquier rato los asaltan -- cuando tú nada hiciste, de verdad nada hiciste más que marchar alguna vez o protestar entre amigos en alguna borrachera -- ante años de insultos, pateaduras, agresiones, abusos, persecuciones, asesinatos y otras maldades contra nuestros conciudadanos, tanto gente adinerado y de bien como gente vulnerable y pobre, incluyendo gente minusválida sujeta a brutales golpizas policiacas y gente indígena correteada y golpeada como ganado?
¿Sientes que tu silencio cómplice está aportando a la construcción de un país más justo, prospero, decente e integro? ¿Sientes que puedes permanecer callado ante las coimas que corren como sangre en todas las oficinas públicas del país? ¿Sientes que puedes hacer empresa de verdad en un país donde la injusticia se ha vuelto la norma y donde la cultura del silencio, de la complicidad y del miedo se ha impuesto?
Y bueno, ¿Qué
te puedo decir, querido amigo de mi alma, querido camarada, cumpa, hermanitoy, llajtamasi? Te extraño y te quiero entrañablemente. Eres un buen
hombre y tu esposa, una dulce y buena mujer.
¿Pero me pregunto – podemos considerarnos realmente buenos si nos hemos dejado vencer una y otra vez, tantas veces, por la mediocridad moral y el silencio cómplice?
¿Acaso la bondad es solamente no hacer daño? ¿Acaso no es el ser bueno también tener coraje -- tener pelotas como decimos en Bolivia o cojones en España -- para hacer lo correcto, en el momento correcto y de la forma correcta?
¿Acaso realmente nos hemos creído esos cuentos de que los problemas de los demás no son mis problemas, de que la carga se arregla no mas en el camino, de que los políticos tienen la culpa de todo y de que al final, todo es relativo y que no existen el “bien” y el “mal” y que la ética no tiene nada que ver con el desarrollo, la prosperidad, la felicidad o el bienestar humano?
¿Pero me pregunto – podemos considerarnos realmente buenos si nos hemos dejado vencer una y otra vez, tantas veces, por la mediocridad moral y el silencio cómplice?
¿Acaso la bondad es solamente no hacer daño? ¿Acaso no es el ser bueno también tener coraje -- tener pelotas como decimos en Bolivia o cojones en España -- para hacer lo correcto, en el momento correcto y de la forma correcta?
¿Acaso realmente nos hemos creído esos cuentos de que los problemas de los demás no son mis problemas, de que la carga se arregla no mas en el camino, de que los políticos tienen la culpa de todo y de que al final, todo es relativo y que no existen el “bien” y el “mal” y que la ética no tiene nada que ver con el desarrollo, la prosperidad, la felicidad o el bienestar humano?
¿Te sientes
orgullosa ahora, querido amigo mío, de ser boliviano? ¿Y tu esposa, ella se
siente orgullosa de ser boliviana? ¿Crees que tus hijos y tus padres sienten
amor y orgullo por su país?
Y en este
triste día de celebraciones insulsas en una llajta
cada vez más violenta, pobre de espíritu, recubierta cada vez por más cemento, asfalto,
basura y carteles publicitarios, con índices cada vez más altos de suicidio,
aborto, asalto, criminalidad y corrupción – ¿crees
tú que realmente merecemos condecorar a nuestras autoridades con grandes
medallas y palabras grandotas y discursos impregnados en hipocresías y mentiras
mas espesas que una asquerosa chankaka contaminada?
Yo no. Yo pienso que vamos muy mal en Bolivia y que es hora de iniciar un proceso de cambio, pero de verdad, no de puros espejos, engaños y mentiras.
Es hora de reconocer que la única revolución verdadera es la revolución del espíritu y que el único cambio que realmente importa y que legítimamente se puede imponer es el cambio sobre uno mismo. Por ahí, y no por otro lado, debemos comenzar a reconstruir nuestra maltrecha tierra y nuestras maltrechas, tristes, empobrecidas vidas. Quizás algunos hoy tengan mucho dinero, pero nuestros almas y nuestras ciudades están podridas.
¿Será necesario llegar a los extremos a los que llegaron Alemania, Ruanda, Camboya, Vietnam, Yugoslavia, Siria, Estados Unidos y tantas otras naciones, para terminar de aprender la lección?
Por tu bien, por el bien de tu familia y de la mía y por el bien de todos nuestros seres amados y de cada uno de nuestros coterráneos – incluyendo a los maleantes que no hacen más que encarnar lo peor de nuestras propias debilidades -- espero que no.
Me despido, como siempre, con mucho amor, deseándote a ti y a los tuyos paz, amor y felicidad ahora y siempre. Hay otro camino. Bolivia, como toda América, si puede optar por otro sendero, por otro camino.
Yo no. Yo pienso que vamos muy mal en Bolivia y que es hora de iniciar un proceso de cambio, pero de verdad, no de puros espejos, engaños y mentiras.
Es hora de reconocer que la única revolución verdadera es la revolución del espíritu y que el único cambio que realmente importa y que legítimamente se puede imponer es el cambio sobre uno mismo. Por ahí, y no por otro lado, debemos comenzar a reconstruir nuestra maltrecha tierra y nuestras maltrechas, tristes, empobrecidas vidas. Quizás algunos hoy tengan mucho dinero, pero nuestros almas y nuestras ciudades están podridas.
¿Será necesario llegar a los extremos a los que llegaron Alemania, Ruanda, Camboya, Vietnam, Yugoslavia, Siria, Estados Unidos y tantas otras naciones, para terminar de aprender la lección?
Por tu bien, por el bien de tu familia y de la mía y por el bien de todos nuestros seres amados y de cada uno de nuestros coterráneos – incluyendo a los maleantes que no hacen más que encarnar lo peor de nuestras propias debilidades -- espero que no.
Me despido, como siempre, con mucho amor, deseándote a ti y a los tuyos paz, amor y felicidad ahora y siempre. Hay otro camino. Bolivia, como toda América, si puede optar por otro sendero, por otro camino.
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